Descubriendo lo transparente

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Las semanas anterior y posterior a la celebración de las elecciones generales españolas del mes de marzo se llevó a cabo un recuento de las personas “en situación de sin techo” en la ciudad de Madrid primero y en la de Barcelona después. Centenares de voluntarios se atrevieron a mirar a las personas que duermen en la calle y que por unas horas dejaron de ser transparentes para sus conciudadanos;  por una noche estos voluntarios supieron descubrirlas  con una mirada de respeto, afecto e impacto. El objetivo de este censo es la planificación de los recursos necesarios para atender a esta realidad de nuestras grandes ciudades que hemos catalogado como cuarto mundo y que por tanto nuestra sociedad deje de mirar a través de ellos y empiece a detenerse en sus realidades.  

Cuando hablamos de  cuarto mundo nos referimos  a la población que vive en condición de desprotección o riesgo social en los países del  primer mundo, es decir, en aquellos países que han logrado un enorme grado de industrialización, y que disfrutan de los más altos estándares de vida gracias a la riqueza y la tecnología. En el funcionamiento interno de estos países  cada vez las distancias entre la población con medios económicos y sin ellos es mayor y desde el pedestal del bienestar se ignora esta realidad.

La situación de las personas con un alto riesgo de desprotección social se ha agravado en los últimos años cuando millones de personas de áreas subdesarrolladas que, para encontrar una vida mejor,  han decidido escapar de sus países de origen. A este grupo de países del que llegan personas a nuestro mundo los llamamos del tercer mundo, países periféricos subdesarrollados, "en vías de desarrollo", países que contemplan también una alta tasa de analfabetismo y deficiencia económica, política, tecnológica y sanitaria.  

Así pues parece que nuestro mundo tiene un orden interno en el que se clasifica a las personas en un ranking que nos garantiza cierta seguridad, estabilidad y bienestar a unos cuantos que vivimos en el grupo de países que ocupan el primer puesto en el podium que resulta de la carrera por la riqueza. A menudo las personas y países que estamos en los primeros peldaños de esta escalinata, no solemos mirar hacia atrás, no nos interesa ver el precio que hay que pagar a nivel mundial por el bienestar de unos pocos y preferimos no ver la otra realidad, optamos por conceder la condición de transparencia a una realidad que si nos atreviéramos a mirar no nos permitiría vivir tranquilos.

Prokarde desde su modesta tribuna pretende que la realidad de muchas personas, que por el hecho de vivir en el llamado Tercer Mundo pasan desapercibidas y tienen cierta transparencia en este mundo globalizado, dejen de ser invisibles.

Nuestra labor discreta intenta que muchas personas dejen de ser transparentes para el resto de la humanidad. De la misma manera que las personas en situación de sin techo de Madrid y Barcelona fueron miradas y reconocidas como seres humanos y se convirtieron en denuncia de ese injusto podium, queremos conseguir que las personas a las que podemos llegar desde Prokarde dejen de ser los grandes ignorados, dejen de ser transparentes y se conviertan en un auténtico clamor de injusticia.

Cuando conocemos a niños y niñas que apadrinamos, cuando descubrimos zonas olvidadas de nuestro planeta a las que llegamos con nuestros proyectos, cuando preparamos y acompañamos a personas que desarrollan una experiencia de cooperación,… vamos haciendo visibles muchas realidades. Sólo conociendo y dejándonos afectar por todas ellas podremos no ignorarlas y sentiremos la necesidad de evidenciar la injusticia haciendo oír nuestra voz ante las realidades indignas a las que desgraciadamente parece que nos hemos acostumbrado y que hemos llegado a convertirlas en “invisibles”.