2007: La Dibamba, Camerúm

Id y contad lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios,… Se anuncia la Buena Noticia. (Lc 7,22)

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Considero que hay experiencias que cambian radicalmente tu forma de pensar y ver la vida, y ésta sin duda es una de ellas.

Me llamo Irantzu soy de Pamplona y durante tres meses he tenido la gran oportunidad de conocer una pequeña parte de este gran y desconocido continente llamado África.  En Septiembre del  2007 viajé a Camerún para colaborar en la Leprosería de la Dibamba,  un centro sanitario de las Carmelitas Misioneras en el que se presta asistencia sanitaria a leprosos y a todo tipo de enfermos.

La Dibamba es un lugar de grandes contrastes en la que se combinan realidades duras pero a la vez esperanzadoras, pero ¿cómo plasmar en un papel todo lo vivido? Está claro que os podría contar un montón de historia, hablar de un día cualquiera en la leprosería, de la inmensidad del cielo africano, de la selva; un cosmos variado de especies y animales, de la relación de ésta gente  con la madre naturaleza de cómo trabajar con unos medios limitados, de heridas y úlceras de todo tipo, de la capacidad de sufrimiento de los enfermos y del sentido que le dan al mismo, de mis queridos leprosos Janvier, Garba, Benoit, de la fortaleza de la mujer africana, de su capacidad para sacar la familia adelante, de lo distinto que sería África si las mujeres tuvieran más protagonismo, del trabajo de las hermanas al lado de la gente más necesitada, de los colores, ritmos, bailes y cantos africanos, de l@s abuel@s , símbolo de experiencia, inteligencia y sabiduría, de la riqueza cultural del pueblo bassa, de la palabra hambre, del verdadero sentido de la solidaridad, de lo impactante que resulta ver a la gente compartiendo lo poco que tiene, de mi abuelo Joseph haciendo cestas de mimbre, de la sonrisa de los niños, de las clases con Emille, del drama del sida, de un nuevo caso diagnosticado, de cómo ésta pandemia está azotando África mientras los países del norte continuamos ciegos ante esta realidad y tantas otras… de la lucha del día a día sin saber que ocurrirá mañana…  

Aunque sin duda, lo realmente difícil es plasmar las caras de las personas que formaron parte de mi experiencia en Camerún. Os puedo enseñar en las fotos parte de la alegría y sonrisa que les robé. Lo intangible, lo que a la vista no se puede ver, lo llevo conmigo. Gracias a cada uno de ellos y  hasta pronto.

Irantzu

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Camerún. Leprosería “La Dibamba”   A 25 Km de Duala, capital económica del país, se encuentra La Dibamba.  

La Dibamba es un pueblo grande, una gran familia formada por enfermos de lepra, antiguos enfermos ya curados y familiares de unos y otros. Acercarse a La Dibamba es recordar al vivo aquellas escenas del evangelio que nos hablan de cojos, mancos, ciegos... Hay personas, hombres y mujeres cuyos cuerpos muestran las grandes secuelas que les ha dejado la enfermedad. Los hay que no pueden ni andar ni ver porque les faltan los pies y han perdido la vista pero en cambio no les falta la sonrisa en el rostro y un corazón grande como el mundo. Es el gran milagro de Dios cuya presencia los envuelve y da sentido a sus vidas.

En la Dibamba el clima es duro: mucho calor y mucha humedad. Este es uno de nuestros mayores sacrificios. El trabajo de las Carmelitas Misioneras se desarrolla, sobre todo en el campo de la salud: consulta médica para los enfermos de la leprosería y de los pueblos de alrededor; dispensario, hospital con 80 camas, maternidad, laboratorio. Con las hermanas colaboran laicos cualificados en el campo de la salud. El pueblo tiene también su propia escuela donde asisten los hijos de los enfermos leprosos y de sus familias. La campaña madrina “Camerún” es el soporte económico de esta escuela. Las familias llevan allí a sus hijos y poco a poco van creciendo y recibiendo una formación que les posibilita integrarse en la sociedad con mayor dignidad. Y junto al hospital, la Iglesia, donde todos como hermanos vivimos y compartimos la fe en el Dios Padre de Jesucristo nuestro salvador. La evangelización y catequesis también tiene sus espacios propios.