2007: Memorias inolvidables de mis viajes a Perú

FOTO

 Julia Reymundez

Soy una señora de 60 años que, por la mala suerte de la vida me quedé viuda y sola, bueno con mis dos hijos y nieta, casados y con sus vidas resueltas. Los veo con mucha frecuencia pero a pesar de todo tengo mucho tiempo libre y se me cae la casa encima.  

Recurrí a un grupo de señoras dirigidas por el padre Alfonso Mera (párroco de La Coruña) que trabajan para Cáritas. Enseguida me puse a colaborar en el ropero recogiendo ropa y calzado, que luego  lo mandamos a Lima, dirigido a las hermanas Carmelitas Misioneras y ellas se encargan de distribuirlo a los más necesitados.    

Otras actividades que hacemos en Cáritas son:  en navidad ponemos unas grandes cestas en todos los supermercados, la gente es muy solidaria y se recogen víveres que llevamos al asilo de ancianos y gente necesitada; luego llega febrero, en este mes toca hacer la cena solidaria, empezamos con 300 asistentes y ahora llegamos a 800. Este dinero lo enviamos para apadrinamientos que tenemos en Chimbote y Villa Maria del Triunfo, dos de los sitios que visitamos en el 2007 cuando viajamos un grupo de 7 personas a visitar esos lugares a donde enviamos las ayudas.  

En nuestro viaje a Perú visitamos los sitios más humildes y saludamos a los ahijados para repartirles unos regalitos que los padrinos les enviaban, son niños muy necesitados, y con lo que reciben al año, pueden comprar su material escolar y algo de ropa, cada año hacemos por apadrinar alguno más.

Cuando llegamos a Lima nos esperaban las Carmelitas Misioneras y nos hospedamos en su casa, allí pasamos unos días y visitamos Villa Mª del Triunfo, que es uno de los sitios donde tenemos ahijados, luego llego el día de marchar hacia Chimbote, a 7 horas al Norte de Lima; allí igualmente nos recibieron las hermanas, y nos tenían unas familias buscadas para vivir en sus casas. Fueron unos días inolvidables, la gente es muy cariñosa y se preocupaba mucho por el bienestar de sus visitantes. El grupo y las hermanas nos reuníamos para preparar las visitas de cada día, en las cuales vimos a nuestros ahijados, a gente mayor en los cerros y asentamientos humanos donde habitan sin luz, ni agua en unas condiciones muy precarias. Fue triste ver todo aquello, pero al mismo tiempo gratificante, por lo cariñosos que eran todos, niños y mayores. A nosotras se nos partía el corazón al ver su situación, pero se ponían contentos con lo poco que les dábamos. Fueron sólo 20 días los que pasamos allí.

A los seis meses de mi primera experiencia, Dios me quiso regalar un tiempo y no dudé en irme a Chimbote. Partí el 2 de Septiembre y regresé el 15 de Diciembre, este viaje fue aun más especial que el anterior. Cuando llegué a Chimbote, cual fue mi sorpresa, que las hermanas me acogieron en su comunidad, adaptándome la habitación de la costura y allí viví muy feliz. Compartía todo con ellas. Son 5 hermanas, todas distintas en edad y en su forma de ser, pero cada una de ellas me aportó su riqueza. Mi trabajo empezaba a las 7 de la mañana después de los rezos, meditación y de desayunar todas juntas; consistía en ir al colegio a ayudar en el desayuno y comida a los 1.870 niños que había en el colegio. La hermana y yo repartíamos el desayuno y luego la comida, los niños eran muy cariñosos y me llamaban “hermana Julia”, yo le explicaba que era laica pero para ellos seguía siendo la 'hermana Julia'. Por las tardes nos reuníamos con los adultos cantábamos, se rezaba el rosario y se les escuchaba sus penas y alegrías.            

Los domingos con otra de las hermanas y dos chicas, íbamos a Villa Sol, un asentamiento humano muy humilde, en una casita de esteras conocida como “la escuelita” ayudábamos a un grupo de niños a repasar sus tareas, a jugar, a pintar... Esto era la única distracción que tenían y se les veía felices.  

Actualmente sigo en contacto con las hermanas, tanto de Chimbote como con las de Lima. Recuedo todos los días las experiencias que viví con ellas y también de los niños y mayores que me dieron tanto cariño. Para terminar quiero decir que sigo colaborando con caritas y acabamos de enviar otro contenedor de ropa y calzado de varias toneladas. Esperamos que llegue todo bien y sirva para ayudar a toda esta gente que tanto lo necesita.