2007: Soy testigo

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Alba Martínez Ortiz - Médico Voluntaria en Umarpada, INDIA  

En su ser profundo es donde el hombre encuentra respuesta a las preguntas básicas y definitivas que le acosan.

Lo esencial de la cultura de un pueblo se muestra en la actitud con que vive su relación con Dios.  

... Y, sin darme cuenta, abrí los ojos y vi estaba rodeada de un colorido extraordinario... todo era un mosaico de sonidos, olores de especias, incienso, comida..., sonrisas, abrazos, música, alegría y mil y una cosas más... No había duda: estaba en INDIA. Concretamente, en Umarpada, en una Comunidad de las hermanas Camelitas Misioneras, en la región del Gujerat. Sí, me pellizqué y era verdad... Así que todavía abrí más los ojos y me puse de pie, preparada para tocar con las manos, sentir y vivir todo aquello que tuviera a mi alrededor.

La verdad es que durante un mes fui testigo, e incluso partícipe de la labor sociosanitaria que las Carmelitas desempeñan en una de las zonas más desfavorecidas de la región: el Sur del Gujerat, donde viven los Adivasis (los aborígenes), que junto con los descastados son las clases sociales más desfavorecidas, y a los que las Hermanas proporcionan una educación, escolarización, internados y atención sanitaria. Allí cada día era una aventura, un viaje a otra realidad, un nuevo descubrimiento, una mezcla de sensaciones e impresiones desconocidas... La única barrera, el idioma: el gujerati, así que aprendí algunas palabras; pero sin duda la mejor lengua justamente es la del lenguaje no hablado... el de los gestos, las miradas, las manos, la sonrisa... India es otro mundo, otra dimensión - muy interesante - que te atrapa y te llama a conocer más de esa realidad tan mágica y misteriosa... que esconde muchos secretos...

No menos interesante fue la labor médica, con todo tipo de enfermedades tropicales, así como la labor social, con distintos programas de concienciación y charlas a las mujeres de las comunidades sobre SIDA, su papel en la casa, la higiene... y otros proyectos que también visité en los que colaboran otras ONGs para suministrar gas a partir de la fermentación de excrementos de los búfalos, la construcción de pozos para el riego de los campos... Era genial llegar a las comunidades y ser recibidos por los adivasis, que nos enseñaban sus cultivos, cómo les funcionaba el gas en sus casas de adobe y bambú... y al final nos ofrecían quedarnos a comer (por supuesto, sentados con el plato en las rodillas y usando las manos como únicos cubiertos!!!)

Impresionante, sin palabras. Gente maravillosa, humilde, sincera, espontánea, inteligente, abierta,  generosa, dispuesta a aprender y a trabajar... que con una sonrisa ya te lo dice todo... Hay tanto que aprender...

Así que un buen día volví a despertar... y me di cuenta de que estaba de nuevo rodeada de mi rutina, mi vida occidental... y, sin querer, una nube de recuerdos estaban invadiendo mi mente... La risa inocente de los niños, la mirada de los ancianos adivasis, el espíritu luchador y valiente de las Carmelitas... Ahora tenía nombres e historias reales en mi cabeza, en mi corazón... Y aunque no sé dónde despertaré mañana, estoy segura de que me acompañarán el resto de mi vida en este maravilloso viaje... que es la vida...