2011: Las niñas de Relwa

Mariola Miguélez-Olea 

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“Atrévete a mirar el rostro de los pobres y verás cómo te cambia la vida.
Y al atardecer, cuando ores, posa tu ternura sobre cada uno de ellos.”

NAMASTE!

Cuando decides viajar a la India nada ni nadie te puede preparar para lo que te vas a encontrar en ese fascinante, enigmático y contradictorio país.

Y a pesar de haberlo visitado en tres ocasiones anteriormente, fue esta vez cuando además comprobé la realidad in situ, puesto que me sumergí e involucré en la vida de unas niñas en un remoto lugar tribal en el sur del estado de Gujarat.

Mi historia duró un mes, de ayuda, cooperación y aprendizaje con unas fortísimas mujeres (en concreto 6 hermanas Carmelitas Misioneras) que han renunciado a todo en la vida para dedicarla en exclusiva a los más necesitados, y en este caso en la Misión de Relwa, con 110 niñas de 5 a 16 años con un muy duro pasado la mayoría a pesar de su corta edad.

El camino hasta llegar allí es duro desde Mumbai puesto que las condiciones del terreno e infraestructuras del país son muy deficitarias, y además no ayudó que fuera en la época del monzón, donde eso no es llover sino diluviar. Pero todo eso pasa a segundo plano cuando llegas a las misiones y ves la labor que se está realizando con esos centenares de niñas y la dedicación de las hermanas por hacer que puedan optar a un futuro mejor, a través sobre todo de la educación. Visité otras misiones cercanas aparte de la de Relwa y en todas encontré la misma entrega y ayuda. Algo que sin duda te hace replantearte que de la mejor manera posible y dentro de las posibilidades de cada uno tenemos que ayudar. Porque no me cabe duda que para que nosotros en nuestro mundo vivamos como lo hacemos otros tienen que hacerlo de esa manera.

Son muchos los sentimientos encontrados que experimentas allí, pero el que se mantiene a pesar de la distancia y el tiempo, es el de realmente seguir colaborando, contribuyendo, intentando hacer que esas niñas sigan pudiendo tener tres comidas al día, un techo y educación. Que en ese lugar es un autentico privilegio.

De ahí, mi intención de simplemente contar lo que yo vi, viví, sufrí y sobre todo disfruté y ayudar a que sigan adelante, a todo aquel que esté interesado en escuchar y saber un poco más.

Fue un privilegio pasar ese mes en India con personas con una riqueza de espíritu que en nuestro mundo y en nuestro entorno es más que necesaria. De ahí muchas gracias a Nirmala, Teresa Conde, Teresa “Navarra”, Joaquina, Christine y Rani, a las niñas y cientos de personas que hicieron de esta experiencia algo inolvidable.