2013: De Madrid a Malawi

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Charli García Mancebo, Javier Felices Treviño y Jara Zotes Ciprés

“Que tu felicidad no arrastre a tu voluntad”  

Es 5 de Agosto de 2013. Hemos estado esperando este momento mucho tiempo, al menos un año, otros más.

Llegamos a Malawi, y a las pocas horas nos damos cuenta: Esto no es Haití, ni Tánger, ni Mozambique (lugares donde hemos tenido experiencia de misión algunos voluntarios). Es Malawi. Llegamos a la misión de Mthengo Wa Nthenga la mitad de los voluntarios, pues Isa y Mer se van a la misión de Kapiri. La misión es preciosa, bien montada, “muy digna”: Aquí los negros no son pobres!! Los trabajadores del hospital de la misión, construido gracias a nuestras religiosas Carmelitas misioneras, viven en casas de ladrillo, con luz, agua, y ciertas comodidades…esto solo nos hace pensar una cosa: “ que horror, no podemos ayudarles porque no son pobres”: Nos autodamos cierta grima y asco, por darnos cuenta de que sin querer les queríamos servir “desde arriba” y no desde abajo, para levantarles , y la incomodidad de sentirnos poco humildes provoca que esa noche nos quedemos Jara, Javier y yo, bastante pensativos…y la pregunta siguiente es : “¿Qué hemos venido a hacer en Malawi?” Nos la hacemos unos a otros, sin saber que contestar, y se la hacemos a Él, sin saber escuchar… Solo nos queda esperar por ahora.

Los días van pasando… el trabajo en el hospital es algo duro. No entiendo nada de chichewa (lástima! Tendría que haberme apuntado a la academia en Madrid…!), mi inglés no es demasiado bueno, y ellos hablan inglés (los pocos que saben) con acento “chichewano”, por lo que me entero de más bien poco. Hay momentos algo difíciles, que se ven muy paliados por la oración, por las hermanas y por Jara y Javi.  

Recuerdo en un momento determinado pasarme algo que jamás me había pasado: me enfadé con Dios. Me enfadé por las dificultades, por no sentir “eso” que tenía que sentir, por no saber cuál era mi misión en aquel lugar. Le dije de todo, y El calló. Me fui a la cama con el ceño fruncido, convencido de que tenía razón. No me duró demasiado.

Los días siguientes fuimos dándonos cuenta otra vez de que allí no estábamos para enseñar todo lo que supiéramos a “los negros que no saben nada, pobrecitos”, ni siquiera a ser felices, sino a compartir nuestra vida con ellos, nuestra experiencia y nuestra frágil humanidad. De vez en cuando aportábamos algo de conocimiento, si, pero no era lo normal. Lo normal (y maravilloso) era ese “estar” con las hermanas, con los trabajadores, con la gente.  Y entonces tuve que ir con el rabo entre las piernas y la cabeza agachada al Jefe y decirle aquella oración tan sencilla que me encanta: “Gracias, y perdón”

Quería resaltar un punto importante. Antes de ir a este viaje, pensaba que, de alguna manera, la pobreza puede acercarte a la humanidad y a Dios, y en África más. No es así. No es la pobreza ni la cultura africana lo que pone a Dios en tu corazón, sino la voluntad de cada persona en no tener otros dioses, y a partir de ahí, entonces sí, Dios hace y el hombre se deja hacer. Eso es así, en Malawi, en Madrid, o en la Cochinchina.

Es imposible escribir todo lo que supuso este viaje en un par de hojas…son demasiadas vivencias, demasiado “compartir”, demasiadas cosas maravillosas, y por eso os dejo una cita que leí en un libro de C.S Lewis allí mismo, que creo que ha quedado impresa en mi corazón desde mi viaje a Malawi y que puede resumirlo muy bien: “Que tu felicidad no arrastre a tu voluntad”. Hay que tener voluntad, de servir, de callar, de orar, de llevar una vida santa.

Gracias, hermanas Carmelitas Misioneras, Jara, Javi, Isa y Mer. Gracias a Dios por poder vivir esta experiencia de misión. Gracias Malawi.

“Charlie”, médico en la misión de Mthengo Wa Nthenga durante tres semanas.