SOLIDARIDAD: ¿opción o acción?

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Con el título de este editorial nos gustaría que todos aquellos que leemos habitualmente el boletín de PROKARDE y que por tanto somos sensibles a la experiencia solidaria nos pudiéramos plantear y reflexionar cómo entendemos verdaderamente la solidaridad.  

¿Creemos que es simplemente “hacer” algo, ya sea mucho o poco, para mejorar la vida de quien sabemos que lo necesita? ¿O quizá entendemos que la solidaridad es una opción de vida que nos lleva más allá, que una serie de acciones mejor o peor orientadas que responden a nuestros valores y nuestra educación, a involucran la totalidad de nuestra persona?  

Jacques Delors, político francés y presidente de la Comisión Europea durante los años 1985-1995, presidió una Comisión Internacional sobre la Educación del siglo XXI. El objetivo era reflexionar sobre cómo la educación puede preparar a las futuras generaciones para hacer frente a un mundo que se encuentra en continuo cambio, en constante conmoción, y cómo pueden progresar, en ese mismo mundo, la paz, la libertad y la justicia social.  

Según Delors, son cuatro los pilares en los que es necesario sustentar la educación de una persona a lo largo de toda su vida: aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a ser y aprender a convivir.  

Aprendemos a CONOCER porque debemos ser capaces de descubrir y comprender el mundo que nos rodea.

Aprendemos a HACER porque necesitamos cualificarnos profesional y personalmente: sólo así podremos actuar en nuestro mundo.

Aprendemos a SER porque nos hemos de desarrollar como personas, de manera total e integral.

Aprendemos a CONVIVIR porque debemos ser capaces de aprender a vivir juntos, de trabajar en proyectos comunes, de descubrir al otro, de ser responsables, de ser solidarios.  

Sólo si dejamos que todo esto se desarrolle a lo largo de nuestra vida lograremos  “hacernos”, construirnos social y personalmente en plenitud.  

Es necesario descubrir la solidaridad y la cercanía al otro no únicamente como una acción puntual y concreta sino como una opción de vida: es en el día a día que debemos ser críticos,  transformadores y constructores del Reino de Dios.  

De esta manera ya vamos dando respuesta al interrogante que nos planteaba el título, si verdaderamente optamos por la solidaridad, no nos limitaremos a una lista de acciones sino que seremos conscientes que:  

Optamos por vivir la esencia del Evangelio: ‘todo lo que hicisteis por uno de estos hermanos míos más humildes, por mí  lo hicisteis.’ (Mt 25,40)

Optamos por acompañar y escoger a los más desfavorecidos, a los últimos, a los más difíciles, a los menos capacitados.

Optamos por hacer de nuestro mundo un espacio cálido, acogedor, en el que todas las personas encuentren su lugar.            

Optamos por trabajar por la paz, por la interior y por la mundial.

Optamos por educar los sentidos, de abrirnos a los demás. Si no desarrollamos la capacidad de escucha únicamente nos oiremos a nosotros mismos, si no sabemos comprender no entenderemos nada ni tendremos la capacidad del diálogo, si no somos empáticos no lograremos ponernos en el lugar del otro.

Optamos por vivir con un espíritu de denuncia e inconformismo que nos permita captar las necesidades del mundo que nos rodea, y  hacerlo más humano.

Optamos por sumarnos a los que trabajan para que otro mundo sea posible, proponiendo soluciones o alternativas, aportando nuestro granito de arena para conseguir, así,  una sociedad más justa.

Optamos por luchar por la búsqueda constante de la verdad.  

Optamos, en definitiva, por el proyecto de Jesús de Nazaret: un proyecto social, de diálogo, de escucha, de acercamiento, de testimonio, de compromiso, de justicia, un proyecto de acción, de opción por el otro, en definitiva de opción por la solidaridad.