2016: Verano en Kapiri

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Loreto es estudiante de medicina en la Universidad de Granada. Este verano ha estado en Kapiri (Malawi)

Después de tanto  tiempo esperándolo ¡Por fin llegó el día!, con mucha ilusión pero también con  muchas preguntas, mi tía y yo nos dirigimos a Kapiri, Malawi. Todas las preguntas y todo el miedecillo se fueron en cuanto llegamos. Sentimos una gran acogida de la gente de allí. Y tuvimos la suerte de poder vivir la celebración de los 50 años de Kapiri, creo que ha sido la misa más bonita en la que he participado nunca ¡estaba emocionada!

Al día siguiente empecé en el hospital, me sentí muy muy acogida por el personal y allí pude ver la verdadera realidad: Como azota la malaria a la gente de allí y como hace que cada día se ingresen niños y niños, también el sida y muchas enfermedades infecciosas y lo peor de todo es que mucha gente no podía pagar los medicamentos, ni estar ingresado, porque no tenían dinero.

También pude ver el papel de la mujer allí, como son las que llevan todo adelante y ejemplo de mujeres fuertes. Gracias a la hermana Patricia pudimos participar en unos talleres para promoción de la mujer.

A pesar de las enfermedades y la pobreza, puedes ver la alegría que transmiten, como siempre están cantando y bailando, sus sonrisas, el gran corazón de mucha gente de allí que quiere luchar por mejorar aquello y sentir el gran cariño de los niños.

Siempre rodeadas de niños. Al principio te llamaban “asungu” (“blanquita” para ellos) y enseguida te han ganado el corazón y ellos te convierten en su amiga. Era salir a la calle y ya estábamos rodeadas de niños que te buscaban para jugar y me llamaban: ¡“loleto, loleto” juega con nosotros! Cómo los echo de menos.

Gracias a la hermana Jovita (amai Jovita), a las hermanas de allí y a las de aquí. Gracias a ellas he vivido el mejor mes de mi vida. Gracias al padre Álvaro que nos llevó a otros pueblecitos y misiones para que conociésemos la realidad de allí.

Lo peor, sin ninguna duda, ha sido la vuelta, cuando ya te haces a estar allí a conocer verdaderamente a la gente, tienes que despedirte.

Ha sido lo más duro de todo. Cómo compartí el último día en la Eucaristía: me han demostrado que  la gente de allí son el corazón amable de Africa, ¡allí, me he sentido en mi hogar! Y las palabras tan bonitas que dijo mi tía: “venimos de un país bajo el mismo cielo, donde vemos las mismas estrellas y donde rezamos al mismo Dios’’

Ya quiero volver a Kapiri y no hay un día que no me acuerde de aquello y de gracias a Dios.​

Loreto Mendoza