2016: ¡Se puede!

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Cristina es licenciada en Derecho, vive en Marbella y no dejaba de sentir un "gusanillo"

Un día sonó el teléfono, era mi sobrina Loreto para contarme con gran emoción su proyecto de verano. No se iba al Caribe, ni a las montañas con las amigas, ni a tirarse en parapente desde el pico Veleta, se iba nada más y nada menos que a Malawi, África!!!!!

Tengo que reconocer que no lo vi ninguna locura todo lo contrario, me invadió una envidia sana y me trajo a la mente esa inquietud que había tenido toda la vida pero que nunca me atreví a hacerla realidad.

La hermana Mª Victoria Alonso, para nosotros Charo, remató la faena. Un día me dijo “con los niños no te hace falta hablar el mismo idioma, una sonrisa es más que suficiente”, así que todos mis miedos e inquietudes se desvanecieron.

Y tras meses de preparativos y nervios por fin aterrizamos en Malawi. Que diferente era todo, los ojos se nos salían de las órbitas mirando para todos lados y con un pellizco en el estómago que nos costaba asimilar que realmente estábamos allí. Todos nuestros sentidos atentos a vivir una de las experiencias más intensas de nuestras vidas. Nos encontramos con rostros muy bellos, pobreza con mucha dignidad y elegancia natural con unas dosis elevadísimas de amabilidad y simpatía. Rápidamente nos sentimos como en casa.

Y cada una en lo suyo empezamos a hacer lo que mejor sabíamos, una en el hospital y otra en el colegio. Y así casi durante un mes, empezamos a ser parte de una comunidad, con sus celebraciones, con sus carencias, con sus costumbres, con sus frustraciones y fuimos testigos de su dolor, de su alegría, de sus cantos, de sus bailes, de su fortaleza, y día a día se convertían en un ejemplo para nosotras de lucha por conseguir vivir con la mayor dignidad ese día que comenzaba.

Y de la noche a la mañana me convertí en profesora de profesores, en profesora de alumnos, en entrenadora de football, mi imaginación llegó a límites insospechados y mis habilidades como cantante y bailaora consiguieran que en África algún que otro niño cantará un arriquitan, tan, tan con más salero que muchos andaluces.

Animo a todos los que le ronden esta inquietud, que cumplan ese sueño, dejad el miedo a un lado, querer es poder. Tenéis un equipo maravilloso en España y fuera de España. Aquí ganamos todos, a los voluntarios nos enriquece el cuerpo y el alma, y a los que nos esperan le damos altas dosis de ilusión y esperanza. Ah!! Y no importa la edad, tengo 46 años, trabajo y estoy casada, todo esto no son obstáculos para cumplir un sueño.

No puedo terminar sin antes dar las gracias a las Hermanas tanto en España como en Malawi por brindarnos esta oportunidad y especialmente a Charo y a Jovita, al padre Álvaro porque todo lo hizo fácil por la libertad y confianza que me dio, a todos nuestros vecinos y amigos de Kapiri por su acogida y amabilidad, a mi sobrina Loreto por abrirme la puerta y como no a mi marido.

¡¡¡¡ Gracias Señor por poner en mi camino personas tan bellas!!!!

Cristina Huertas