2016 ¡Por fin África!

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Desde que tengo uso de razón he tenido en mente el continente africano

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Hola a todas/os, soy Manmen de Granada y en octubre del 2016 tuve la oportunidad de viajar hasta África y realizar el sueño de mi vida.

Desde que tengo uso de razón he tenido en mente el continente africano, el país me daba igual, sólo sé, que los niños africanos me han enternecido toda mi vida, así que mi destino ha sido la isla de Bioko en Guinéa Ecuatorial, exactamente en la ciudad de Lubá.

En mis veintiséis días inolvidables, estuve residiendo con las Hermanas Carmelitas Misioneras y con veintidós niñas maravillosas que se encontraban en el internado del Padre Palau. Estas niñas entre doce y quince años están cursando la ESO y de ellas se encargan cuatro Hermanas Carmelitas, dos profesoras y dos enfermeras. Estas hermanas Teresa, Elena, Norma y Adolfhina están realizando un gran trabajo educativo y disciplinario, gracias al gran esfuerzo económico de los padres de estas niñas y a los donativos (becas) de los familiares de las Hermanas. Estas niñas estudian en el colegio Claret, de los Claretianos, y residen durante todo el curso en el internado y aunque echan mucho de menos a sus familias, saben aprovechar la oportunidad que se les da .

 

La Campaña Madrina es un proyecto que está en vigor todo el año y va unido a otros proyectos que nos solicitan por mediación de nuestra ONG Prokarde, en Fhilipinas, en Asia, en algunos países en el sur de América y del continente africano. Esta campaña consiste en amadrinar a una niña/o aceptándolos en los internados, repartidos en diferentes ciudades de diferentes países,  con la colaboración de las religiosas y las personas laicas como yo, que trabajamos junto a Prokarde para amadrinar a todas las niñas/os posibles, para el desarrollo integral en todos los aspectos, ayudando a los  mas desfavorecidos, dándoles estudios, educación, disciplina, alimentación y una preparación de futuro. En los internados, las Hermanas Carmelitas administran hasta el último céntimo para cubrir todas las necesidades de un año completo sin interés de lucro y haciendo realidad el sueño de muchos padres y la sonrisa de muchos niños.

 

En el país donde he estado, la alimentación, perecederos, abarrotes o droguería, es todo importado, por lo que los precios allí no son baratos y perjudica aún más, el tema económico de las familias.

 

En la ciudad de Lubá, el 80% de las viviendas no tienen agua y las instalaciones eléctricas son precarias y peligrosas, la luz se va cada vez que hay tormenta .

 

He podido observar con gran tristeza, que hay muchos niños sin escolarizar y en el colegio público nacional de Lubá, donde he compartido muchas horas con niños entre cuatro y seis años, pude comprobar que muchos de ellos iban al colegio sin desayunar. Los pequeños hacían un gran recorrido desde casa al colegio, levantados desde muy temprano, no comían hasta que llegaban a casa a mas de las dos de la tarde.

 

Gracias a Dios, las niñas de la residencia hacían tres comidas al día y no les faltaba el agua, ni para las necesidades mas básicas ni para beber.

Mi convivencia allí fue genial, me trataron como si estuviese en mi propia casa y tuve la suerte de convivir y conocer las costumbres de las familias de la isla de Guinea.

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A las chicas del internado les di charlas de salud, higiene, la convivencia en familia, la integridad de la mujer, un poco de sexología,  trata de mujeres y niños, la fe cristiana y hablarles un poco de las adversidades de la vida y mil cosas que me enriquecieron más a mí compartirlas, que a ellas, porque su respuesta fue de un gran interés, de agradecimiento y de cariño hacia mí.

También impartí charlas similares en el colegio Virgen del Carmen de Malabo a los niños/as de sexto de primaria, en el pueblo de Belebú a personas adultas, en el colegio nacional de Lubá donde estuve colaborando, a un gran grupo de niñas adolescentes que estaban preparándose para la confirmación, estas chicas viven en los alrededores de la residencia, las hermanas son muy queridas y respetadas en todo Lubá

Cada mañana me iba con la hermana Elena, donde ella imparte clases gratuitamente, en el colegio nacional público de Lubá, y yo, me iba a la clase con mis pequeños de cuatro a seis años en su primer año de escolarización. Cada mañana que llegaban a clase venían a abrazarme, haciéndome sentir la mujer más feliz del mundo, recibí tanto de ellos que no tengo palabras para explicarlo. Todo lo que pude enseñarles fue a base de pizarra, pues no disponen de libretas de caligrafía, ni libros de lectura donde aprender a leer.

Ese era mi trabajo por la mañana y a partir de las seis de la tarde mi convivencia era con las chicas del internado, hasta las nueve y media de la noche que se iban a la cama. Los domingos participaban en un coro parroquial en misa, yo me unía con ellas y cantábamos juntas, los fines de semana aprovechaba y disfrutaba cada hora con ellas.

Os puedo contar muchas más cosas y sentimientos que me traigo en el corazón, porque allí, en Lubá, he dejado una gran y enorme familia, que ya formarán para siempre parte de mi vida.

Dar las gracias a Dios por haberse cruzado en mi camino la O.N.G de PROKARDE, darle las gracias a Nati y a Charo, por darme esta gran oportunidad de hacer realidad mi sueño, sin ellas no hubiera sido posible. Y cómo no, dar las gracias a las hermanas de Lubá, Norma, Teresa, Adolfhina y Elena por haberme hecho sentir como en mi propia casa, ellas también son responsables de haber enriquecido mi vida en tan poco tiempo, a mis pequeños, a mis niñas del internado a todas las profesoras, al Padre Alipio y a todas las personas que han sido tan hospitalarias y generosas conmigo allí en Lubá. Gracias porque me he traído de todos ellos, oro molido, mientras que yo, no he dejado ni plata.

¡¡¡¡¡¡¡Mucha gente pequeña, 

en lugares pequeños, 

haciendo cosas pequeñas, 

pueden cambiar el  mundo!!!!!!!

Mamen Muñoz (Granada)