Noticias desde Kananga (RD Congo)

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Hna María Alicja Kubas, es polaca y está destinada en Kananga RD Congo. Está al frente del Centro Nutricional

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Soy María Alicja Kubas, hermana de la comunidad de Kananga. Nos han pedido compartir la experiencia vivida aquí desde el año pasado hasta el día de hoy.

Actualmente, en  Kananga, estamos  dos Hnas: Sylvie Tambwe y yo. Hna. María Ángeles Lamora, por problemas de salud, todavía no se ha reunido con nosotras. Ya está de vuelta de España pero en Lubumbashi es más fácil el acceso a los médicos.

El conflicto entre los milicianos Camuena Sampu y los militares, vivido aquí el año pasado, dejó muchas víctimas. No solamente los muertos en el combate, sino también las víctimas del hambre, de la miseria, de la inseguridad.

Muchísima gente huyó a la selva dejando todo lo que tenían. Después de varios meses regresaron a Kananga, buscando un poco de paz. Vinieron literalmente sin nada. Es impresionante ver las caras marcadas por el sufrimiento y la miseria, y con el corazón lleno de experiencias muy duras. Mucho sufrimiento de toda clase. Hay familias separadas que no saben, a día de hoy, si algunos de sus miembros están vivos o muertos.

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Esta situación repercute en nuestra misión. En el Centro de salud y en el Centro Nutricional tenemos mucha gente desplazada. Gracias a Dios y a nuestras hermanas hemos recibido ayuda de PROKARDE y podemos acoger a nuestros hermanos más necesitados.

Para que os podáis hacer una idea de cómo estamos os cuento que preparamos el proyecto con PROKARDE para ayudar a 360 persona durante un año y en solo siete meses hemos acogido ya a más de 440 enfermos y quedan todavía cinco meses para llegar al año.

¿A cuántos les va a llegar la ayuda?, y sobre todo ¿a cuántos les faltará?

En el Centro Nutricional damos de comer a más de 80 personas al día.

Hay dos grupos. El primero para los enfermos de la TBC y SIDA. Unos 25 enfermos: Niños, jóvenes, adultos y ancianos, muchos de ellos en estado grave, encuentran acogida en nuestro centro de salud. Les pagamos el transporte para que puedan venir aquí cada día, les administramos los cuidados médicos. Les damos la comida, pero sobre todo, los acogemos como a hermanos, con mucho afecto por parte de todo el equipo del centro. La gente se siente a gusto con nosotros, protegida. Muchos de ellos ya nos abandonaron, se fueron a la casa del Padre pero, antes de morir, se sintieron bien queridos.

El segundo grupo es el de los niños, unos 45, ahora están disminuyendo algo. Hay también algunos jóvenes y ancianos. Algunos niños llegan al centro como esqueletos, hinchados, llenos de llagas, da mucho sufrimiento el verlos y es difícil salvarlos, pero otros muchos, recuperan la salud y la alegría de vivir gracias a todo lo que reciben en el Centro y esto nos da mucha satisfacción.

Después de todo esto, lo que puedo decir es que doy gracias a Dios por poder estar aquí. Considero como un don este tiempo lleno de variadas experiencias, muchas de ellas muy duras. Sobre todo este tiempo después de nuestro regreso a Kananga. Lo que me da mucha fuerza y entusiasmo es ver el agradecimiento de parte de esta gente. Nos dan gracias diciendo que si viven, viven gracias a nosotras. Que bendigan a nuestro Dios por nuestra presencia aquí, es muy fuerte. Este agradecimiento llega también a cada una de vosotras, Carmelitas Misioneras, porque formamos una familia, y si estamos aquí es también gracias a vosotras; y agradecimiento a todos los que nos ayudáis y os acordáis de nosotras en vuestra oración y con vuestra ayuda económica.